Los únicos argumentos inexpugnables estos días son el materialismo y el agnosticismo filosófico puro. Si estás tratando con alguien que cree que el mundo material existe, puedes ganar todas las discusiones sosteniendo la postura de que todo lo que existe son átomos y moléculas rebotando por ahí aleatoriamente y de que no hay ningún principio moral o filosófico del que pueda probarse que es cierto, o incluso que tiene algún significado. La vida es un sinsentido completo en un nivel filosófico, pero si quieres continuar llenándote la barriga por pura cabezonería sanguinaria, Darwin señaló el plan básico del juego y Ayn Rand rellenó los detalles egotistas. Sírvete.
Si tienes a alguien que es más listo y sabe argumentar que el mundo material podría no existir, entonces no solamente no hay principios morales o filosóficos de los que se pueda probar que existen, sino que en realidad no hay tampoco principios científicos de los que se pueda probar que existen. Te has hundido en el solipsismo, el cual por supuesto tampoco puede probarse, dejándote sin ninguna afirmación probable en absoluto. Como antes por supuesto, si deseas continuar llenando tu inexistente barriga con insustanciales bocados, hay mucha otra gente inexistente que desea aparentemente jugar a ese juego con el que en aras de la discusión llamaremos tú, así que muy buena suerte, si hubiera tal cosa.