¿Por qué es tan violenta nuestra sociedad?

Hay una cosa que hace sentir a la gente la rabia suficiente como para cometer actos de violencia, y es un sentimiento de impotencia. Si la gente siente que no tiene control sobre su destino y su entorno, si siente que no puede actuar eficazmente, entonces puede alcanzar un punto en el que cree que excepto la violencia nada puede cambiar su situación.

Actuar eficazmente requiere que influyas en otra gente y que controles tu entorno. Para influir en otras personas, deben respetarte y estar dispuestas a escuchar lo que tienes que decir. Para controlar tu entorno, debes entenderlo, tener las destrezas necesarias para alterarlo, y permiso para actuar sobre él.

Debería estar claro que estas condiciones no se encuentran muy frecuentemente en nuestra sociedad. Muchas personas de nuestra sociedad están alienadas de las demás y tienen pocas oportunidades de ejercer ninguna influencia mutua real. Mucha gente pobre e inculta no tiene ningún control en absoluto sobre su entorno.

Sin embargo, la impotencia no es el único ingrediente de la violencia. La pregunta real no es por qué la gente es violenta, sino por qué tantos hombres son violentos. Aunque las mujeres son exactamente tan capaces de violencia como los hombres, las estadísticas de criminalidad muestran que no son las mujeres las que están convirtiendo nuestros entornos urbanos en zonas de guerra.

Tanto hombres como mujeres deben regirse por ciertas expectativas. A pesar de que la gente tiene pocos instintos y todo nuestro comportamiento adulto es aprendido, trabajamos bajo la concepción errónea de que los hombres y las mujeres están destinados biológicamente a comportarse de formas completamente diferentes. Se supone que las mujeres son condescendientes, se espera de ellas que no expresen enérgicamente sus propios deseos y necesidades. De los hombres se espera que sean dominantes y den órdenes, y son considerados débiles si expresan cualquier tendencia a ceder o a comportarse de manera "femenina".

Sin embargo, como los psicólogos han descubierto, la gente más sana mentalmente expresa características emocionales y de comportamiento tradicionalmente asociadas a ambos sexos. El humano plenamente funcional puede ser brusco o amable, dominante o sumiso, fuerte o condescendiente, según requiera la situación. Lamentablemente, el rango aceptable de las emociones para los hombres es bastante estrecho, y lo que sucede es que los hombres tienen que expresar toda su energía emocional a través de las pocas emociones disponibles para ellos. Esto conduce a expresiones bastante exageradas de fuerza y virilidad.

Ahora, empareja esta imagen de de fuerza y dominación que los hombres tienen de sí mismos con los sentimientos de impotencia que tanto abundan en nuestra sociedad, y tienes una receta para el desastre. Los hombres tienen que expresar su exagerado sentido de la dominancia, pero se les deja impotentes con su incapacidad para actuar con eficacia alguna. A estos hombres, la violencia les parece ser la única manera de influir en su entorno.

Esto continuará siendo un problema hasta que los hombres se eduquen de manera diferente.

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